True Detective: cuando el camino es lo importante

A estas alturas, doy por hecho que si digo True Detective, ya sabes de lo que hablo. Sino es así, estás perdiendo el tiempo leyendo esto. Búscate la manera de ver la serie, disfruta de los ocho capítulos de su primera temporada, y solo entonces, vuelve aquí a leer lo que sigue.

True Detective

Podría definir esta serie de una manera muy clara y breve: “brutal”, “una maravilla”, “imperdible”. Y no estaría faltando a la verdad pero True Detective merece algo más que decir que hay que verla porque sí. Y es que, esta serie es muchas cosas pero en realidad es solo una.

Puede ser una lucha contra los fantasmas interiores de cada uno. También puede ser un drama familiar y social o una historia muy humana donde sale lo peor de cada uno. Sin duda, es una crítica contra la sociedad y las miserias de gente sin fé que se aprovecha de las creencias de los demás. Es una denuncia de la corrupción policial. Y, siendo todo esto, en realiad, True Detective es solo y simplemente la historia de dos policías que tratan de resolver un crimen.

La trama se inicia con el hallazgo de un cuerpo y concluye con la derrota del culpable. Sin más, una historia convencional que Nic Pizzolatto construye con una estructura tan rica y llena de matices que se disfruta desde el principio hasta el fin. Sin duda, True Detective se convierte en un viaje digno de vivirse: muy intenso, con sus momentos de acción y misterio y otros más calmados y con dos personajes a los que se ama y se odia a partes iguales y de los que se desconfía desde la primera hasta la última escena. Las interpretaciones de Mattew McConaughey y Woody Harrelson elevan un enorme guión a niveles a los que muy pocas series aspiran.

Y todo ello reconociendo que True Detective insinúa ser mucho más de lo que en realidad es. Tal vez, aquí resida su mayor punto fuerte aunque sea por donde los críticos puedan atacar. Este juego de insinuaciones ha creado una mitología entorno a la serie que de seguir así en próximas temporadas se podría comparar a lo que en su momento se generó alrededor de Lost (Perdidos). Al menos, así me lo parece. True Detective se presta mucho a este juego: generar debate entre fieles defensores y profundos detractores y, sobretodo, a crear un halo de misterio y hype a su alrededor que la puede aupar a los altares o enterrar en el olvido más profundo.

Por su intensidad e interpretaciones yo me inclino más por la opción de convertir a True Detective en serie de culto porque con una única temporada de solo de 8 capítulos ha conseguido ofrecer mucho más de lo que se podría esperar conociendo su argumento.

Y otro punto enorme a su favor es que la ya confirmada segunda temporada de la serie no será una continuación de la historia y profundizará en unos personajes a los que ya se ha sacado todo su jugo. Rust y Marty quedarán en el recuerdo y como ejemplo de cómo construir e interpretar el papel de “poli de verdad“. Se cambiara de personajes, actores e historia siguiendo una idea y filosofía similar a la de American Horror Story. Colin Farrell será uno de los encargados de coger el relevo de Harrelson y McConaughey. Una tarea harto complicada.

Habrá que ver si tanto el fondo como las formas se respetan. La estrucutra de flashbacks mientras se interroga a los dos policías protagonistas de la historia ha sido la base del éxito que ha convertido a True Detective en algo así como una modernización y actualización de Twin Peaks. Por cierto, en esta serie también hay algo (o mucho) de The Killing (otra serie de la que habrá que hablar en este blog), un trabajo que parece haber marcado a fuego a Pizzolatto y que ha arrastrado a Cary Fukunaga, director de la serie.

Si tengo una cosa clara es que, antes de que se estrene la segunda parte de esta serie (para lo que aún faltan muchos meses) un segundo visionado de estos ocho capítulos es tarea obligatoria. Los puzzles y laberintos por los que nos guía su trama obligan a ello para acabar de captar la riqueza de sus matices y claves de sus misterios. Bueno, eso y porque algunos de los diálogos entre los protagonistas bien merece la pena revivirlos varias veces (aunque algunos monólogos son tan pretenciosos como prescindibles).

La guinda a la serie la pone los elevados valores de producción ofrecidos por todos los trabajos lanzados bajo el sello de HBO. Unos valores de producción que van desde su atractiva estética a auténticos alardes técnicos pasando por una banda sonora deliciosa.

Está claro que mi opinión sobre la serie es muy alta y la considero no solamente como recomendable sino como imprescindible.

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